Quien diría que la vida dos años después de la tormenta la sorprendería haciendo balance de la cantidad de cosas que le habían pasado mientras envolvía en papel de seda negro aquel vestido.
Tenía la mirada perdida, sonreía por momento cómplice de sus pensamientos y sus reflexiones, siempre tenemos cosas para analizar, para pensar que cambiaríamos, que repetiríamos una y otra vez sin pensar.
Silencio colmado de palabras que se agolpan en esa cabeza como aquellas letras de canciones que le ponen el marco perfecto a nuestras emociones.
Cada movimiento se reflejaba en cámara lenta, como quien degusta un plato con total calma embriagado por su aroma y sus colores.
Tenía en sus manos el fiel testigo de haberse comprometido con el amor de su vida, la sensación de haber hecho lo correcto, de tratar de acomodar en espacio y tiempo, esos meses que tanto cambiaron su forma de ver la vida.
Dejo, de lado por un momento el papel de seda negro luego de cortar solo el tramo que precisaba envolvió lentamente aquel vestido que entallaba su cintura pequeña, y con el mayor de los cuidados lo introdujo en la caja para poder guardar ese vestigio de ese día en la parte alta del placard.
Atrás quedaron los gritos y los insultos esa sensación de sentirse menos, esa constante sensación de perder en cada discusión su autoestima, había por fin recuperado la sonrisa, y ese brillo en los ojos, por primera vez en mucho tiempo ya no temía, sentía que vivía en vez de sobrevivir a cada día.
Se confabulo el conjunto de sensaciones que oprimía su pecho con el silencio tratando de reencontrar la razón para seguir para vivir, porque sabia que tenia que encontrar una solución como siempre sucedía en su vida , justo cuando derramaba la lagrima 100 tomaba conciencia que las estaba desperdiciando que algo debía hacer para cambiar esa situación, que el mar de lagrimas derramado no solucionaría el mal trago, y como si una luz se encendiera en su interior el razonamiento, la fuerza de voluntad casi extinta, tomaba partida ante el mal trago y comenzaba a evaluar las posibilidades para cambiar aquellas cosas que no la ayudaban, que no edificaban lo mejor de si.
Cuantas cosas se piensan mientras se guarda un vestido en papel de seda negro – reflexiono, mientras sonreía cómplice de sus pensamientos.
La casa yacía en silencio, sin música, sin el cantar de los pájaros, solo por momentos el sonido de algún auto al pasar, empezaba a sentir frío, y tomo conciencia que ni la hora afectaba ese instante. Cuantas situaciones vividas, descubrió que había desafiado sus propios limites, tantas situaciones que vivió y pensó que jamás lo haría.
Entonces es totalmente cierto que a medida que crecemos vamos reaccionando diferente ante la misma situación, entonces es cierto que nuestra manera de responder, de mirar, de sonreír, de callar, de observar cambia, de algo sirve la experiencia que a veces estorba cuando la situación precisa de nosotros que seamos auténticos o imparciales ante diferentes situaciones.
Se sorprendió que con el paso de los años se ponía más a la defensiva en las mismas situaciones donde antes agachaba la cabeza y optaba por callar, su voz había cambiado en el tono, pero es más firme y por momentos imponía su forma de pensar.
Aprendió a levantar la guardia, a decir basta cuando sentía que la situación no daba para mas, a dejar de lado ese constante pensar en el otro, a pedir disculpas si había dicho algo que lastimara al otro, a hablar de los sentimientos sin derramar lagrimas, a mirarse al espejo y reconocerse a veces pálida, a veces triste, a veces alegre, a veces cantando por la casa haciendo bromas de las cosas mas insólitas.
Podía reconocerse humana, ciclotímica, cambiante, apasionada, o simplemente mujer.
Tomo entre sus manos lo que quedaba de la margarita que llevaba el en el ojal, entonces supo que todo el cambio, esas revoluciones y cambios de paradigmas de su vida, eran el proceso de cambio para llegar a su vida, a esa vida que iniciaban ambos.
Dejo en la caja, en el vestido envuelto en seda negro, como si guardase en algún rincón sus temores, como quien le da fin a un luto de heridas que deban por sanar.
Esa noche había soñado con cada vestigio del pasado, con cada error, con cada mal trago, archivo dándole fin a escenas, palabras, silencios, lágrimas, reclamos.
Se sintió libre por primera vez en tanto tiempo, casi dos años de arrastrar inseguridades por no saber defenderse de los malos tratos.
Sonrió mientras miraba desde el salón como el nuevo sol de este viejo continente, formaba parte de este proceso de recuperación, estaba viva, frente a nuevos horizontes proyectos, de la mano de quien deseaba estar de corazón.
Siguió jugando a pesar de las tormentas que debió atravesar, siguió apostando a mover cada ficha con la intención de cambiar lo que estaba consumiéndola, no dejo de pedir ayuda a quien la pudiese orientar, dejo que poco a poco se acomodaran la piezas después de cada reacción, el tiempo es sabio, la vida es una, dejo lo que valía al alcance de su mano, se dejo guiar por el corazón y archivo lo que no le servia en papel de seda negro y quedo en el olvido de algún cajón.